Efraïm Rodríguez

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"Ostrich docking”, 2004, de Efraïm Rodríguez,y “Arundo donax”, de M. Armengol (foto no reproducida)

Retratos de aves y hierbas.

Juan bufill

Retratos de seres no humanos, retratos fotográficos de hierbas y retratos escultóricos de ese ave grande y rara llamada avestruz: esto es lo que se expone en la doble muestra que presenta el Institut Botànic de Barcelona, situado entre el estadio y el castillo de Montujïc. De la flora se encarga el fotógrafo Manel Armengol y de la fauna el escultor Efraïm Rodríguez (Valencia, 1971).

El objetivo era ofrecer visiones no científicas, sino artísticas de la naturaleza, pero el artista tiende a sugerir varios aspectos a la vez. En este caso, tanto el fotógrafo como el escultor se han mantenido en la representación figurativa. Armengol expone 88 fotos en blanco y negro, una serie que es un reportaje descriptivo. Son plantas recogidas en el campo, en el Alt Empordà, cuyas formas pueden ser maravillosas, pero normalmente no son objeto de atención y se pierden en la vaguedad de las sensaciones propias de un paseo distraído. El fotógrafo las rescata de la distracción general y trata a las plantas como a individuos, con identidad y particularidades. Les concede esa atención desinteresada, antipráctica, que pedía Bergson a los artistas en su ensayo La risa.

Son fotos de estudio, clásicas, cuyo antecedente más claro es la obra de Karl Blossfeldt (1865-1932), pero Armengol ha procurado distinguirse de este y otros maestros del retrato vegetal, y ofrece desenfoques, encuadres o iluminaciones parciales, o fija su atención, por ejemplo, en unas bifurcaciones escuálidas o en una espina aislada que aparece monumental, o bien en las trayectorias de los tallos al crecer, tal vez para mostrar la forma como biografía.

Efraïm Rodríguez, en sus cuatro grandes estatuas de avestruces, mezcla hiperrealismo y extrañeza, hace en la escultura lo que el Doctor Frankenstein hacía (en la ficción) en la anatomía humana: un ensamblaje de trozos heterogéneos que configuran un individuo extraño. De este modo, añade irrealidad a lo real-irreal, que es el avestruz. A mí este ave que no vuela se me aparece como un gran estómago con patas, un aparato digestivo emplumado, inverosímil. Incluso ese supuesto largo y grácil cuello no deja de ser, si bien se mira, un esófago exagerado, coronado por una cabeza con cerebro diminuto. Efraïm Rodríguez pone el énfasis en la representación tanto como en lo representado. Articula contrastes entre unos aspectos o fragmentos realistas y otros antirrealistas o con huecos. La anatomía de uno de sus avestruces puede incluir un hueso verdadero de este ave, pero el esternón puede ser una gran pala de cavar, el muslo una pata de mesa, el ojo una pieza de bicicleta estática y la cola una silla de oficina. Si las plantas de Armengol son formas aisladas y aparecen como individuos, las aves de Efraïm Rodríguez tienden a lo fragmentario y a la mezcla extrema y muestran al animal convertido en máquina, en objeto.

 

 

Efraïm Rodríguez

Estruços

Manel Armengol

Retrats d´herbes

 

 

INSTITUT BOTÀNIC DE BARCELONA. Parc de Montjuïc Tel. 93-289-06-11

Martes a domingo de 12 a 17 h. Hasta el 18 de diciembre

 

La Vanguardia. Culturas, 28–9–2005. p. 21.

 

 


 
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